Google Ads y Meta Ads gestionados con una regla: cada euro invertido tiene que poder rastrearse hasta una venta o una solicitud. Si no se puede medir, no se hace.
La plataforma siempre te dirá que la campaña va bien: te enseñará impresiones, clics y alcance. Ninguna de esas cifras paga facturas.
Sin conversiones bien configuradas, no sabes qué anuncio trajo clientes y cuál solo curiosos.
Buena parte del gasto se va en gente que ya te buscaba por tu nombre y habría llegado igual.
El anuncio promete algo concreto y el visitante aterriza en una página genérica. Ahí se pierde.
Se configuran una vez y se dejan correr meses. La competencia cambia, tus pujas no.
Campañas de búsqueda para captar a quien ya está buscando lo que vendes, más shopping y remarketing cuando el negocio lo pide.
Facebook e Instagram para dar a conocer y para recuperar a quien visitó tu web sin comprar. Segmentación por interés y por comportamiento.
Lo primero que montamos. Sin saber qué campaña genera solicitudes o pedidos, optimizar es adivinar.
El anuncio y la página tienen que contar lo mismo. Preparamos o ajustamos el destino para que el mensaje no se rompa a mitad.
Recuperación de carritos abandonados y de visitantes que no llegaron a contactar, que suele ser el tramo más rentable de la inversión.
Revisión de pujas, palabras negativas, creatividades y públicos. Una campaña sin mantenimiento pierde eficacia sola.
Qué margen tienes, cuánto vale un cliente y qué puedes permitirte pagar por conseguirlo. Sin esos números, no hay campaña rentable posible.
Conversiones, etiquetas y analítica antes de lanzar. Si empezamos a gastar sin medir, los primeros meses se pierden.
Se arranca con presupuesto contenido para validar qué funciona, y se escala lo que demuestra retorno.
Cada mes: qué se ha invertido, qué ha entrado y qué se cambia. Si algo no sale rentable, lo decimos y se para.
La publicidad multiplica lo que ya tienes: si la web no convierte, pagar por más visitas solo hace perder dinero más deprisa. Empieza por analizar tu web gratis. Para el tráfico que no se paga, mira el posicionamiento SEO; y para construir marca a medio plazo, social media.
Se presupuesta según el número de plataformas, el volumen de inversión y el trabajo de creatividades que haga falta. La gestión se factura aparte de lo que pagas a Google o Meta, que va directo a la plataforma desde tu cuenta.
Depende del sector y de la competencia por tus palabras clave. Antes de proponer una cifra miramos qué margen tienes y cuánto puedes pagar por cliente; empezar con un presupuesto que no llega a nada útil es tirar el dinero.
Sí, y es innegociable por nuestra parte. Trabajamos sobre tus cuentas de Google Ads y Meta. Si algún día cambias de proveedor, te quedas con el histórico, las audiencias y el aprendizaje de las campañas.
Se complementan. La publicidad da resultados desde el primer día pero se corta en cuanto dejas de pagar; el SEO tarda meses pero el tráfico se sostiene. Lo habitual es empezar con pago mientras el SEO madura.
Podemos, pero te avisaremos. Mandar tráfico de pago a una web lenta o confusa multiplica el coste por cliente. A veces lo más rentable es arreglar la web antes de invertir en anuncios.
Mensual, con lo invertido, lo conseguido y las decisiones tomadas. Y si algo se tuerce a mitad de mes, lo avisamos entonces, no en el informe.